Hermana Françoise Lemieux

La aventura de mi vida

Todo comienza con un encuentro. Estoy en presencia de la fundadora, Juliana Dallaire, cuya persona me habla de Dios y del amor de Jesús que se hace como tangible en su persona. En un ambiente de lo más sobrio, ella me describe el ideal de la comunidad naciente toda consagrada a la Eucaristía, con un aspecto mariano, en una vida de intimidad con Dios por la adoración, la ofrenda, y en la misión de evangelización en países alejados o del nuestro. Esta atmósfera me conmueve; ¡es lo que buscaba sin definirlo! Sí, ¡es aquí que Jesús me espera! ¡Su amor me apura! Cinco semanas después, ¡y heme aquí!

« ¡Vean como se aman! » Es lo que, en primer lugar, me impresiona más en este núcleo de la joven Congregación animada por la superiora, un pequeña mujer « muy grande », dotada de un carisma que la hace ya una maestra espiritual. El fervor eucarístico y el ambiente de frescura mariana, en una vida fraternal intensa hecha de oración, de trabajo y de alegre esparcimiento: todo ello me da el sentimiento de pertenencia y me conduce a comprometerme definitivamente en la Congregación con todo el impulso de mi juventud. Después de muchos años, con la madurez de la edad, esta experiencia de fe y de dicha se ha amplificado más profundamente todavía. Nuestra fundadora, con quien he tenido la gracia de vivir 49 años, me ha comunicado su pasión del Evangelio y de la Eucaristía, en toda su dimensión trinitaria, con su fuego apostólico.

Bien pronto después de mi primer compromiso, favorecido en primer lugar por los estudios que se prolongarán en pedagogía y en teología, veo la misión concretizarse para mí, no en tierra lejana, pero en el servicio de la formación de las jóvenes hermanas, como asistante primero y después como responsable durante mucho años. Luego, estaré al servicio de mis hermanas como asistenta de la Priora general y como priora del convento en Beauport. Todos estos años son ricos de experiencias diversas que ha contribuído a mi propia formación. Al filo de los años, el apostolado ha tomado para mí diversas formas con los variados grupos en la enseñanza de la espiritualidad y el acompañamiento de las personas, etc.

Hoy todavía, según mi ritmo, estoy activa en un servicio de acogida y de escucha en la recepción, en el dominio de la formación de laicos, candidatos de nuestra Fraternidad, y en el acompañamiento de candidatos al diaconado permanente. Estas diversas actividades son para mí lugares de intercambios de la Palabra con mis hermanos y hermanas, y de comunión al Soplo del Espíritu, en este gesto conmovedor de Jesús en la tarde del Jueves Santo. ¡Oh el immenso amor que se da a nosotros en la Eucaristía! dice Madre Juliana del Rosario.

¡He aquí lo que me hace vivir y que he tengo la dicha de compartir!

Hna. Françoise Lemieux, o.p.