Homenaje a hermana Juana

Durante los funerales de nuestra querida hermana Juana, viernes último el 10 de julio, hermana Juliana Turmel, ha dirigido un homenaje a nuestra querida hermana que partió a la casa del Padre. Lo compartimos con ustedes, quienes no pudieron estar presentes, por razones de las consecuencias de la COVID. Agradecemos a Dios por lo que ha sido la vida de hermana Juana.

 

 

Nosotros todos y todas que celebramos con, y por nuestra querida hermana Juana, me parece que desde arriba, ella debe mirarnos con una pequeña sonrisa burlona, ella a quien le gustaba hacer bromas; ya que ella nos lo ha hecho uno al dejarnos durante la pandemia, ¡lo que no ha facilitado la organización de sus funerales! Pero compartimos su alegría pues ha entrado en la VIDA desde donde intercede más por nosotros.

Remontemos el curso del tiempo… Tratemos en primer lugar de representárnosla a la edad de 9 años, balaceándose tranquilamente en su casa mirando las imágenes de la Virgen y del Sagrado Corazón, suspendidas sobre la pared de la cocina de la grande casa. Es allí que Jesús la ha llamado: una llamada que no ha hecho más que crecer luego, de tal manera que a los 18 años, ella llegaba a nuestro convento para darse a Jesús.

 

 

Un deseo quemaba su corazón; ella lo ha realizado respondiendo a la llamada de ir a fundar una misión en Perú. Con tres hermanas, se va allá para compartir la vida de los más pobres en una barriada de más de 200,000 personas, que acababa de formarse en las afueras de Lima. Hermana Juana se pone generosamente a su servicio; durante 22 años, ella será un oído que escucha, un corazón que ama y consuela, una mano tendida para ayudar, un guía que profundiza el Evangelio con la gente, para llegar a compartir con ellos el misterio eucarístico. Ella saborea así la gran felicidad de ser misionera.

 

 

 

Llamada a la casa madre en 1984, ella se muestra muy disponible; allí cumple varias funciones, sobre todo la de archivista, hasta que la enfermedad le quite sus capacidades.

 

 

En posesión de un vivo sentido del humor, ardiente y apasionada, al mismo tiempo humilde y recogida, desprendiendo la paz y la serenidad, nuestra hermana era discreta sobre su relación con Jesús. Pero en ocasión de su 50 aniversario de profesión religiosa, ella ha afirmado haber encontrado su felicidad en esta vida pasada en compañía del Señor – ¡dicho esto, sin olvidar su comunidad! Ella nos ha dejado en herencia los valores que la han guiado a lo largo de toda su vida religiosa: la obediencia, la fidelidad a las Constituciones, la oración, especialmente un tierno amor hacia la Virgen María, y un don de sí incansable.

¡Querida hermana Juana, a ti nuestro profundo reconocimiento! Estamos seguras que tú nos permaneces presente, atrayéndonos a seguirte en la LUZ Y EL AMOR donde tú estás ya, gracias a tu sed de la divina Misericordia.

Sœur Julienne Turmel, o.p.