Homenaje a hermana Ida

Su sola presencia comunicaba a Dios

Al inicio de la celebración de los funerales celebrados el lunes 14 de septiembre 2020 en la iglesia San Ignacio de Loyola, (parroquia Nuestra Señora de Beauport), s. Juliana Turmel, priora general, ha dirigido un homenaje a s. Ida. He aquí, con algunas fotos de nuestra hermana en diferentes épocas de su vida.

Queridos parientes y amigos de nuestra querida s. Ida,

En nuestra comunidad, una tradición quiere que las hermanas que han hecho profesión temporal el mismo día cuando nuestra fundadora, madre Juliana del Rosario, hizo su profesión perpetua, sean llamadas las PRIMERAS. Hermana Ida, que hacía parte del grupo, es la última en dejarnos para reunirse con aquellas que han partido ya hacia la Casa del Padre. Entonces, para nuestra comunidad, es una página de historia que se voltea. Damos gracias al Señor de habernos dejado s. Ida durante más de 72 años: ¡qué tesoro!

Ida, la mayor de una familia de 10 hijos, vivía en la parroquia de San José de Quebec. Ella ha crecido en una familia modesta, cordial y profundamente cristiana. Hizo su primaria en la escuela de la parroquia, y dejó los estudios para ayudar a su madre. Todos los días participaba en la misa. Sus padres tenían el deseo de hacer feliz a su familia: cada hijo era tiernamente amado, escribió ella.

Ida se sentía llamada a la vida religiosa hacia la edad de 12 años, en la ocasión de su profesión de fe. Con los años su deseo creció. El 5 de julio 1946, su hermana Florence entraba como postulante en nuestra comunidad naciente; algunos miembros de su familia, entre ellas Ida, habían venido a dejarla. En sus recuerdos, ella escribe: « Fui impresionada por la mirada radiante de madre Juliana, sus grandes ojos azules me tocaron particularmente y me parece que de ahí viene mi vocación dominica misionera adoratriz.”

Su madre, habiendo percibido la reacción de su hija mayor, comunicó con madre Juliana, y la liberó del trabajo que ella cumplía en la casa, a fin de que ella pueda realizar su sueño. Es así que, el 3 de octubre 1946, a la edad de 20 años, ella entró también en nuestra comunidad.

Hermana Ida era toda abierta a Dios y hacia los otros; no pensaba en ella misma. Humilde, silenciosa, a ejemplo de san José de quien había recibido el nombre a su primera profesión, discreta, su sola presencia comunicaba a Dios. Ella tenía una gran devoción al Espíritu Santo y se confiaba filialmente a la Virgen María.

En la comunidad, ella amaba a todas sus hermanas; siempre disponible, nada le parecía incomodar y podíamos contar sobre ella, no solamente para ayudarnos, pero a menudo para confiar nuestros pedidos al Señor. Era lo mismo para los miembros de su querida familia.

Recepcionista, hermana Ida respondía a las llamadas telefónicas, escuchaba las confidencias que se le hacían, animaba, oraba por estas personas… Ya sea en el locutorio, ya del  lado reservado a la visita y cada vez que acogíamos grupos, ella estaba ahí, con una buena palabra para cada uno, cada una… Su familia espiritual crecía siempre.

Desde el principio de su vida religiosa, hermana Ida fue profundamente impresionada por las enseñanzas de madre Juliana, que no cesa de meditar a lo largo de su vida, profundizando así su conocimiento del Corazón Eucarístico en todos sus misterios. Ella transcribía sobre pequeños pedazos de papel ciertos pasajes fechados y firmados MJR, que ella entregaba a sus hermanas o a las personas que venían a verla, o a las personas que venían de visita y que acogía del lado exterior. Hecho remarcable: ¡el pensamiento caía siempre a punto!

Su salud declinando, fue transferida a la enfermería intercomunitaria de las Agustinas de la Misericordia de Jesús. Con una otra compañera, dejó nuestro Cenáculo el 9 de septiembre 2014. Para ella fue una grande prueba que aceptó generosamente. En su nuevo lugar de vida, continuó a olvidarse de ella misma y a pensar en los otros. Allí permaneció hasta su deceso, acaecido el 7 de septiembre último, después de haber hecho un ACV que provocó una parálisis del lado derecho, el 26 de agosto. Luego de este accidente, permaneció lúcida durante muchos días.

Querida hermana Ida, gracias por lo que ha sido para la Iglesia, los sacerdotes y tantas otras personas, especialmente para cada una de sus hermanas en comunidad. Desde arriba, continúe de interceder por todos nosotros. ¡Le decimos un hasta luego caluroso y muy agradecido!

Hermana Julienne Turmel, o.p.